divendres, 17 de novembre del 2017

TATUADOR DE TATUAJES

Quedaba muy poco para que cerrase el local, media hora más o menos, cuando una visita inesperada hizo crujir las bisagras de la puerta del salón de tatuajes.
—Apurando un poco ¿no? —preguntó el dueño al transeúnte que, un tanto desconcertado observaba los viejos y ya amarillentos pósteres de películas colgados en las paredes del establecimiento.
—Éste ha sido un día largo —murmuró ese hombre, dirigiendo hasta el anfitrión una fatigada sonrisa bien cargada de ironía.
—24 horas exactamente —se burló amistosamente el propietario—. Los días suelen durar 24 horas; pero créeme si te digo que habrá un día en el que echarás de menos todo el tiempo que hoy te ha sobrado. Así pues ¿En qué puedo ayudarte?
—No lo sé, la verdad —respondió el cliente con un vago suspiro—. Un amigo me recomendó éste local. Me dijo que me iría bien pasarme por aquí. ¿Alguna sugerencia especial para un cliente bastante tozudo con severo estrés y muy adicto a la cafeína?
—Creo que lo que andas buscando es una palmadita en la espalda, y una buena patada en el culo —bromeaba el viejo tatuador frotando con las yemas de los dedos su mostacho gris de motero americano—. Muchos de mis clientes suelen pedir que les tatúe un poco de fe cristiana, pero no te veo con demasiadas ganas de querer visitar la iglesia cada domingo.
—Sinceramente, no veo como creer en dioses me podría resultar útil.
—Entonces necesitaré que me cuentes por que azares del destino has venido a visitarme hoy —reclamó el dueño, manteniendo su serenidad y su cordialidad.
—En realidad creo que solamente es curiosidad —respondió el visitante con una notable apatía—. ¿La gente suele explicarte todos sus tormentos?
—Así es.
—Entonces usted debe ser una especie de psicólogo, motero, monje purgador, dibujante loco, y…
—¡Y cocinero! —sonrió el anciano—. Me encanta cocinar, sobretodo para mis nietos Dorothy y Chalie. Este viernes vendrán a verme ¿No es fantástico?
—Y cuénteme —insistió el hombre— ¿usted disfruta escuchando a diario los dramas de las otras personas? ¿Le parece algo morboso? ¿O tal vez le deprimen?
—¡En absoluto! Pero sí disfruto sabiendo que cuando salgan de este salón, todos esos dramas desaparecerán de sus mentes para siempre.
—Usted me recuerda a no sé que… —añadió el cliente, en un tono absurdamente reflexivo—. Quizá a algún personaje de alguna película de esas en las que un viejo chino enseña artes marciales a… bueno ¡no me haga caso!

Ambos individuos se acomodaron en el desordenado escritorio lleno de documentos y extravagantes bocetos, ubicado en el mismo salón de tatuajes. El viejo propietario, inmerso en la espontánea entrevista que ese señor le había brindado, decidió ignorar sus horarios y ofreció una cerveza a su cliente. Al fin y al cabo, nadie le esperaba hoy en casa, por lo que no tenía ninguna prisa para cerrar el local.
—El otro día vino un muchacho. Un chico desesperado porque le aterraba el futuro. Me habló de accidentes, holocaustos y todo tipo de eventos deprimentes. Era “diez-y-seis años de trauma” con patas. Ese chico estaba sediento de optimismo y ni siquiera era consciente. “Necesito que me tatúes amnesia para borrar mis miedos y empezar de cero” me decía.
—¿Y le hiciste caso?
—Obviamente no. Pedir amnesia es un verdadero disparate. Aunque parezca una solución rápida, uno puede repetir los mismos errores y volver a hundirse sin aprendizaje alguno. En cambio el optimismo se propaga rápidamente y lo que es más importante, te ayuda a darte cuenta que las mismas cosas que antes te aterraban se pueden ver desde una perspectiva totalmente positiva, sin necesidad de olvidarlas. Así que le convencí y él confió en mi.
—Si me cuentas esto, supongo que todo salió bien... —dedujo el “ahora invitado” del tatuador.
—Todo salió perfecto. De los mejores tatuajes que jamás he hecho. Aunque no creas que tengo reparo en confesar mis errores —quiso aclarar el anciano—. De hecho, un hombre entró aquí ayer, y se sentó en la misma silla en la que estás ahora sentado. Había sido cliente mio hacía ya 20 años. En ese entonces era un jovencillo que quiso tatuarse “Rebelión adolescente” y yo le di lo que buscaba sin osar preocuparme por las consecuencias. Ayer tuve que borrar dicho tatuaje porqué el pobre no podía permanecer más de una semana empleado. ¿Suena ridículo, eh?
—entiendo —suspiró el invitado con la mirada perdida en su dorada botella de cerveza.
—Uno tiene que ser muy, muy consciente de aquellas ideas que necesita, y de aquellas que no —pronunció el propietario con cierta sabiduría—. Hablo desde la experiencia.
—Dígame —dijo el curioso cliente alzando su mirada—. ¿Tiene usted algún tatuaje?
—Le mentiría si le dijera que no. Antes de iniciar mi negocio me dibujé un poco de confianza en mi mismo y… bueno tal vez me hice un tatuaje algo más importante.
—¿De que se trata? —preguntó el cliente cada vez más excitado por las historias de ese viejo artista—. ¿Le importaría contármelo?
—¿Sabes guardar un secreto?
—¡Por su puesto! —afirmó el hombre con destellante intriga.
—Tienes que prometérmelo.
—Claro; ni lo dude.
—El tatuaje más importante que me hice es el del remordimiento. Remordimiento por engañar a todos y cada uno de mis clientes. No existe tinta alguna que pueda escribir sobre la mente humana. Yo solamente me dedico a convencer a toda esa gente de todas esas cosas que ellos mismos no se atreven a decirse. Resulta increíble cómo con la simple semilla de una idea impuesta por otra persona, puede un ser humano transformarse. El poder de cambiar reside en uno mismo, pero a veces una simple historia de fantasía de un viejo bigotudo puede ayudarte a encontrar ese poder dónde antes solo había niebla. Ésta es la verdadera magia de mis tatuajes. Y tu, amigo mio, ya tienes mi tatuaje terminado. Espero que lo disfrutes el resto de tu vida.


dimarts, 18 d’abril del 2017

L'ILLA DELS ARPONS

—Maleit sia, Rodrick! Tu i la teva porqueria de iot!
—Calma't Jake, si us plau, us juro per Déu que el meu vaixell estava en perfectes condicions abans de sortir del port. Com cada dissabte.
—I per això ha explotat com un coet en mig del mar, oi? —crida Jake desconsolat, movent els braços amb una descontrolada agressivitat—. Mira'ns ara! Perduts sense cobertura en una illa abandonada sense més recursos que 310 mil·lilitres de cervesa enllaunada!
—Ningú ha dit que l'illa estigui abandonada —crida Cindy, la promesa d'en Jake—. Allà al fons veig un far.
—Saps què, Rodrick? He vist prou pel·lícules per saber com acaben aquestes coses —continua Jake ignorant totalment a Cindy—. La gana i la soledat ens duran de la mà fins la bogeria, i llavors... llavors ens matarem entre nosaltres per satisfer els nostres estomacs famolencs i...
—I res! —crido davant aquest espectacle de grunyits i absurdes especulacions—. Anirem a aquell far i buscarem a algú que ens pugui ajudar. Si més no hi haurà un telèfon o alguna cosa que ens permeti comunicar-nos amb el port més proper.
—El meu germà té raó— sospira Rodrick davant d'aquest ambient que poc a poc es va asserenant.

Jake, Cindy, Rodrick i jo avancem per l'oceà d'arbustos i matolls mig morts que cobreixen els marges de l'illot. Evitant haver d'endinsar-nos al profund bosc d'arbres torts i despietats barrancs sense fons. I, quan el sol comença a amagar-se al llunyà horitzó d'aquesta terra salvatge, arribem per fi al penya-segat que alberga la gran torre de maons i grava que hores enrere, no era més que que una llunyana il·lusió. És en aquest moment quan Cindy troba esculpit en una gran roca propera unes esgarrifoses paraules.

Desafortunat és aquell que trepitja l'illot del Caçador.
Perquè quan el cel s'apaga, i la nit governa
Tota la llum que de dia escalfa, esdevé dolor
I protegits sota la llum de la llanterna
Un a un, caureu a les seves urpes
I desitjareu haver mort...

—Això ha de ser una broma —diu Rodrick rellegint silenciosament aquest horribles versos.
—No ho és! —exclama Jake, el seu soci de l'oficina, desenterrant d'entre el fang pudent un crani humà amb un arpó d'acer rovellat travessat d'extrem a extrem.
—D'acord, no perdem la calma. Marxem d'aquí i refugiem-nos al bosc. Demà buscarem alguna manera de marxar d'aquesta illa —dic finalment, convencent el grup.

El bosc, combinat amb l'espectral il·luminació d'aquesta mortal, però elegant lluna d'Agost, converteix la realitat que m'envolta en una autèntica història de terror digna d'explicar a la vora d'una foguera. No és una nit freda, però la nostra roba encara molla per la inesperada capbussada d'aquest migdia, fa que les brises de l'Atlàntic glacin les nostres passes, i la nostra moral.

Decidim acampar a la vora d'un rierol amagat entre la vegetació de l'interior de l'illot, i ens refugiem a una petita cova als peus d'un barranc. Una cavitat prou gran per acollir-nos als quatre, però alhora prou petita com per trobar-hi algun animal salvatge. Aleshores, confiem la nostra supervivència a l'encenedor de Jake qui, maldestre, intenta encendre una foguera amb unes branques seques que hem recollit pel camí, sense èxit. Rodrick, el meu germà es nega a intentar-ho, ja que ens explica que les seves mans han quedat totalment escaldades per l'explosió del seu iot. —Com jugaràs a la ruleta ara? —es burla Jake amb acidesa. I finalment Cindy, qui havia estat fumadora compulsiva aconsegueix encendre el foc, després de varis intents fallits.

La nit avança silenciosa, i les meves parpelles comencen a cedir per la pressió de la son. No tinc somnis clars. Tan sols veig imatges mancades de sentit i ordre. Les paraules sinistres gravades en aquella roca, l'explosió del vaixell, la histèrica reacció davant l'incident, de Jake, que ronca sonorament al meu costat. I llavors... llavors un crit agut em desperta amb els primers raigs de sol del matí.

—En Jake ha desaparegut! —crida Cindy entre llàgrimes.
—No ens precipitem —diu el meu germà intentant tranquil·litzar la situació —potser ha sortit un moment i ara tornarà.
És llavors quan la credibilitat de les paraules de Rodrick s'enfonsa quan veiem que, fora de la cova, hi ha unes estranyes petjades i les marques d'un cos adult que ha estat arrossegat bruscament pel terra. Seguim el rastre sentint la tensió del moment aferrant-se als nostres estómacs. I llavors, pocs metres més enllà del refugi, les marques desapareixen a la vora d'uns espessos i tèrbols aiguamolls. L'última senyal que queda és un esmolat arpó clavat amb força a la soca d'un arbre. Aleshores Cindy esclata a plorar desconsoladament.

Rodrick em mira perdut, sense saber com reaccionar davant d'aquesta descontrolada situació.
—Hem de fugir d'aquesta illa! —proposo desesperat.
—No sense el meu soci! —respon Rodrick nerviós.
—Jo no me'n vaig enlloc sense el meu Jake! —somica Cindy mentre s'asseu a una roca.
—I que proposeu llavors? Per on el busquem?
—Si per aquesta illa hi corre un autentic psicòpata, el «Caçador», el més probable es que visqui en el far o en algun lloc edificat que encara no hem vist —dedueix Rodrick mentre s'eixuga la suor i s'asseu al costat de la noia per consolar-la—. No et preocupis, trobarem al teu promès —li diu amb tendresa.
—No ho tinc clar —em responc a mi mateix.

Reprenem el camí cap al far, aquest cop mentalitzant-nos que el que hi trobarem no serà agradable. Rodrick i jo improvisem unes llances esmolant un parell de branques llargues i resistents. Si els versos no mentien, el «Caçador» no ens atacarà fins que el sol es pongui, així que amb un breu impuls de confiança seguim avançant fins que sobtadament ens topem amb una diminuta clariana en mig de la densitat del bosc

Allà, sota els intensos raigs de sol d'aquest nou migdia a l'illa, hi llueix un rellotge platejat que no tarda en captar l'atenció de la jove Cindy. —És el rellotge de Jake! —exclama mentre comença a córrer per recuperar-lo. Tard per adonar-se que és un parany.

La noia engrapa l'objecte platejat, estirant un cordill ocult que enllaça el rellotge amb un artefacte camuflat entre els matolls. —No facis ni un sol moviment! —li crida Rodrick per evitar una desgràcia. Ell, amb una increïble cautela, aparta les branques de l'arbust deixant al descobert una pistola d'arpons que apunta des de la distància directament al rostre de la desprotegida Cindy. Que aguanta amb força la respiració per evitar que la trampa es dispari.
—Ajuda'm a desarmar aquest dispositiu —m'implora Rodrick conservant la requerida serenitat.
Jo, desorientat, accedeixo a ajudar-lo, i li aparto amb precaució les fulles i branques del matoll, mentre ell, amb les seves mans escaldades intenta retirar la fletxa d'acer que la pistola conté. La incomoditat extrema d'aquesta situació em posa cada cop més nerviós.

Finalment Rodrick aconsegueix enretirar l'arpó, i ho celebra amb un gran somriure, mentre li diu a Cindy que ja no es preocupi més, que la trampa està desactivada. Però per sorpresa, quan ella deixa anar el rellotge per retirar-se, una segona i imprevista pistola d'arpons amagada a l'altre extrem de la noia es dispara davant de la nostra impotent supervisió. Cindy cau desplomada al terra amb un tros d'acer incrustat al crani. I nosaltres, sorpresos i rabiosos per no haver previst aquest segon parany, deixem que histèria ens domini, i marxem corrent de la clariana, esquivant i entrebancant-nos amb els arbres, arbustos i arrels del bosc. No es fins uns instants més tard que recuperem l'enteniment.

—Merda! Això no ens pot estar passant a nosaltres! —exclama Rodrick desmoralitzat—. Això havia d'haver estat un passeig més amb tu, el meu soci i la seva promesa en el meu iot! Tan sols un passeig! I ara estem atrapats a una illa amb un sonat que ens intenta liquidar...
—Sortirem d'aquesta, Rodrick. Només cal que trobem a Jake i toquem el dos d'aquí —dic intentant ser el més reconfortant possible.
—Això si segueix viu...
—Clar que si! No recordes el que deia el pare? «L'esperança és l'últim que es perd» —recordo.
—Ja, i per això ara es passa els dies dormint i rondinant, mentre es podreix a la llitera d'un hospital... .

El sol torna a caure i arribem al far, quedant esgarrifats davant la presencia d'un home encaputxat que ens observa des de dalt de l'edifici. No se li veu la cara; les ombres ho impedeixen, però està clar que ell és l'assassí que es fa anomenar «Caçador» —Anem a atrapar a aquell malparit!— dic furiós mentre obro la porta de fusta corcada. Un cop dins, Rodrick i jo ens convertim en els espectadors del cos destrossat i mutilat del nostre company Jake.

No diem res. No tenim res a dir, ni res a sentir de l'altre. Em trec la jaqueta i tapo les restes de l'home, i llavors ens decidim a pujar fins el cim d'aquesta antiga torre. Rodrick recull de terra amb les seves mans cremades una pistola d'arpons, disposat a utilitzar-la per acabar amb el sàdic assassí que ens ha estat assetjant aquests últims dies. I quan arribem a dalt de tot, ens trobem amb una sala vella i polsosa, plena d'eines i peces per construir les esgarrifoses trampes mortals que han acabat amb la vida de la nostra amiga. L'home encaputxat es manté immòbil observant la mateixa finestra de vidre esquerdat; tal com l'havíem vist des de l'exterior. M'acosto silenciosament a l'individu, que no s'adona de la nostra presència, mentre Rodrick es queda a l'entrada de la cambra apuntant-lo amb la pistola; i quan el tinc prou a prop, em llanço contra el seu cos amb força, i l'agafo del cap per evitar que pugui escapar. Llavors m'adono que es tan sols un maniquí disfressat.
—Rodrick, fugim d'aquí! Això és un altre parany! —crido espantat.
—Ja ho crec que és un parany... —diu ell amb un imprevist to burlesc—. Tot és un parany.
Rodrick em mira amb un incòmode somriure mentre de sobte m'apunta amb l'esmolat arpó de la seva pistola.
—Què vol dir tot això? —pregunto sorprès mentre una suor freda comença a rajar del meu front.
—Tot ha anat exactament com esperava —riu—. I sincerament, ha estat molt més senzill del que tenia previst, germanet meu.
—Perquè fas això? Ets un maleït psicòpata!
—En realitat tinc un motiu prou convincent —segueix mentre es grata el cap—. Fa temps que estic endeutat amb el món. Apostes perdudes, factures, deutes bancaris... estic arruïnat, germà, i era qüestió de temps que em requisessin el iot i els pocs diners que em quedaven. Per aquest motiu vaig decidir invertir-los aquí, amb vosaltres. Porto temps viatjant fins aquesta illa per farcir-la amb paranys de tot tipus. Llavors només em feia falta portar-vos d'excursió amb la barca i fer-la explotar «accidentalment». Les meves mans no van sortir massa ben parades al jugar amb explosius, però ara ja m'és igual. Si matava el meu soci, cobraria tots els diners de la nostra assegurança de l'empresa; i si et mato a tu, tota l'herència del pare serà meva. La Cindy ha estat un petit contratemps; no en trec ni un centau d'ella, i no m'esperava que en Jake la portes aquell dia; però un cop ja tenia les mans brutes de sang, que més donava liquidar a una persona més.
—No te'n sortiràs amb la teva Rodrick. Fugiré d'aquesta illa i el món sabrà el que has fet.
—Jo no n'estaria tan segur, germanet. He dedicat molt de temps a aquest pla, així que dubto que me'l puguis espatllar ara. Imagina't, fins i tot vaig haver de fer un curs de poesia online per inventar-me la llegenda del «Caçador». I n'estic prou orgullós. Al cap i a la fi us la vareu creure tots. «Maleït Caçador» «Segur que viu en el far» —es burla amb una veu afeminada.

Aprofito aquest segon de distracció per aferrar-me al maniquí encaputxat, i em llanço per la finestra de vidre, trencant-la en mil bocins, i precipitant-me al buit de l'exterior. L'impacte és molt dur, però el maniquí em permet suavitzar breument la caiguda i sortir-ne viu.

M'endinso al bosc corrent tant com les meves cames mig fracturades em permeten. Estic sagnant per tot arreu, i sé que d'aquesta no sobreviuré. Tot i això segueixo corrent, quasi arrossegant-me pel fang del sòl de l'illa.

Malauradament arribo als límits d'un profund precipici, i el sonat del meu germà no triga en abastar-me.
—On anaves tan de pressa? Encara no he acabat el meu discurs... veig que el pare no et va ensenyar educació. El cas es que quan torni a port, la gent només podrà parlar del terrible accident de vaixell, i de Rodrick, l'únic supervivent de tal desgràcia!

Rodrick se 'm acosta a poc a poc.
—Dit tot, ja és hora d'acabar—. Torna a enfocar el canó de la pistola d'arpons cap a mi, i aquest cop, amb un sàdic somriure prem el gatell, deixant anar una fletxa d'acer que en menys d'un segon em travessa l'espatlla amb un brutal impacte. Segueixo viu, però seguidament, el meu cos sense força es precipita pel barranc. I llavors... tot es torna fosc.

[...]

«Notícies d'última hora. Uns exploradors locals han trobat un home mal ferit perdut en un illot en mig de l'Oceà Atlàntic. Els investigadors han confirmat que es tracta ni més ni menys que Tobias Kelton, el germà de Rodrick Kelton, declarat «únic supervivent de la catàstrofe a alta mar», notícia del passat mes d'Agost. Encara s'està investigant com l'home ha sobreviscut tant de temps en aquest estat, però per ara està hospitalitzat sa i estalvi. El senyor Rodrick Kelton estarà molt satisfet de saber que podrà tornar a veure el seu germà».




dijous, 29 de desembre del 2016

VALOR Y PRESTIGIO: LA LEY DEL DÓLAR

Mi nombre es Bruce Laurent Van-Delos y aquí, en mi territorio privado, o me conocen como Señor Van-Delos, o no me conocen.

Tengo 57 años, estoy casado y tengo tres hijos por mera estabilidad social. Dudo que en mi se pueda hallar alguna virtud mencionable. Soy adicto al juego y a la absoluta comodidad y, ciertamente, mis bolsillos son lo suficientemente grandes como para mantener dichos vicios hasta el final de mi estúpida existencia.

Nací, crecí y desaparecí en un miserable rancho de Kansas, mis padres eran pioneros en el negocio de la hostelería rural de alta gama, y a menudo algún ricachón se asomaba a nuestra propiedad en busca de una cama, una mesa y una hora de jacuzzi bajo las estrellas del campo.

Fue gracias o por culpa de este negocio que, una tarde del verano de 1966, un bigotudo hombre de extraña apariencia se alojó en nuestra residencia y se dedicó desde su llegada, como por arte de una escandalosa obsesión, a contarme historias sobre sus “increíbles” hazañas en las entrañas más profundas de la ciudad de las Vegas. Y como era de esperar en un mocoso de 14 años cuya rutina se basaba en doblar apestosas toallas usadas, sus palabras me hipnotizaron de tal forma que, tres meses después, las luces de la ciudad del vicio ya alumbraban mi llegada.

Abandoné a mi familia y a su hotel de madera carcomida, dejando en mi lugar a mi mejor amigo Johan, quien dedicó los siguientes 10 años de su vida al intrépido arte de la toallas sudadas; y mientras, yo crecí al lado de ese individuo del bigote, quién me cambió la escuela y la rutina por una nueva vida como ayudante de publicidad y gestión en su casino de lujo conocido como “el Jazz”; local que años después se convertiría en una franquicia mundial. ¿Quién demonios querría entonces aprender a sumar y a restar si no era con dinero entre los dedos?

El hombre del bigote murió sin herederos pocos años más tarde, dejando a mis 25 años, sus 25 millones en propiedades. Lamenté mucho su pérdida, sí, pero solo hasta que logré invertir toda esa fortuna y la vi crecer delante de mis ojos. A ese hombre le debía absolutamente todo, pero como ya estaba muerto, quizás se lo pague en el infierno.

Contraté a nuevo personal para mi oficina central en las Vegas, pues el antiguo ya era tan solo un puñado de viejos disfrazados, cuya presencia era tan inspiradora como un ladrillo de hormigón. Así pues, un nuevo grupo de jóvenes llegaron al “Jazz” con la magna ilusión de comerse el mundo. ¡Pobres incrédulos!

Viví los siguientes 5 años en las alturas de un rascacielos dorado, disfrutando del lujo de poseer todo aquello que deseaba. Puedo considerar admirable el hecho de que jamás dejase mi vida en manos de los narcóticos, pues era más que consciente de que no necesitaba ningún tipo de sustancia para sentirme un Dios de la Tierra. ¡Menuda estupidez!

A medida que el tiempo pasaba y mi fortuna crecía, fui atacado por ladrones en varias ocasiones , y en una de ellas, mi pierna derecha quedó totalmente destrozada a merced del plomo de un revólver. Estuve unos meses en el hospital, intentando adaptar ese frío entorno a mis lujosos gustos, por muy difícil que fuese. ¡Todo allí dentro olía a muerte!

Al volver a mi oficina, empecé a perder las tardes de inmovilidad apostando en mi propio casino con decenas y decenas de aficionados al juego. Disfruté mucho arruinando a esa gentuza; al fin y al cabo, ese era el precio de la inconsciencia. ¿Y quién era yo para obstaculizar el curso de la vida de esos tipos?

Mi rehabilitación tomó lugar en mi propio despacho, junto a Janice, mi asistenta personal. Una muchacha de clase media con una sospechosa obsesión por las horas extra, totalmente incapaz de rechazar ninguna de mis órdenes, por muy absurdas que fuesen. Algo que todavía aplaudo. Al fin y al cabo, no existe explotación alguna que no se pueda compensar con dinero. El caso es que ésta se empezó a acomodar a mi presencia y yo, vago e indiferente, permití que crease su propio pseudo-romance con mi persona.

Cuando terminé con la rehabilitación y todos los dolores que esta conllevaba, ya había contraído matrimonio con mi asistenta personal, y me había mudado a una mansión fuera de esa ciudad que me había visto crecer. Cada vez que pienso en todo esto, me resulta más irónico. Obviamente yo no tenía ningún interés en cambiar mi forma de vida, así que decidí tomármelo como un favor hacia Janice y a su familia de proletarios interesados.

Como ya dije anteriormente, unos años después “Dios” quiso cargarme con el peso de tres hijos inútiles. Así que me dediqué a cuidarlos como mis padres me cuidaron a mi tantos años atrás: como unos diminutos parásitos a los que “querer” alimentar; mientras Janice se encargaba de llenarme copa tras copa. Confiando en que jamás se aburriría haciendo esto, pues si lo hiciese, lo último que le compraría con mi dinero sería una maleta y un par de calcetines.

Ahora me he dado cuenta de que aún no es tarde para reflexionar un poco sobre lo que ha sido mi vida. El dinero no compra la felicidad. Lo sé, y aunque lo hiciera, no gastaría ni un mísero dólar en algo que nunca me ha aportado nada, y nunca lo hará. Vivo rodeado de gente que solo me busca por mero interés. Gente a quién no debo absolutamente nada. Afortunadamente después de tantos años de mi amarga compañía, éstos por fin han comprendido mi filosofía. "Haced lo que os plazca, mi vida está resuelta".

No estoy especialmente orgulloso de lo que me he convertido. Pero sinceramente, mientras la falta de orgullo no me impida respirar, ésta no significará nada.

Obviamente tuve mis años de oro, tiempos que aún se hallan en lo más profundo de mi memoria. ¿y para qué olvidarlos? Al fin y al cabo son lo único que me consuela de haber vivido por algo, más que por ser envidiado por los demás, o amado por mis bolsillos llenos. ¡Qué tiempos aquellos! Cuando un ordenador era señal de prestigio, y ahora ya vamos en naves espaciales. ¡Ridículo! ¿A caso quieren buscar en la Luna lo que no encontraron en la Tierra?

Tal vez mi existencia haya sido un error. Probablemente así sea. El caso es que mi tiempo ya se acaba, y ya es tarde para cambiar cualquier cosa. Si alguien me ha llegado a querer fuera del ámbito económico, sinceramente le felicito, pero ahora es el momento de terminar. Dos personas armadas han entrado en mi morada, y estoy solo aquí. Escondido. He llamado a los vecinos, pero estos han ignorado mi llamada, y con razón. Podrían incluso ser ellos los que acaban de entrar en mi hogar; estaría más que justificado.

Me he forzado a mi mismo a transferir toda mi fortuna a mi familia, antes de que ésta cayese en manos del Estado, así que ya no me quedan cabos por atar. Y ahora sí, me voy a ese maldito charco donde sea que se encuentre el hombre del bigote, sabiendo que habré muerto tal y como siempre he vivido: solo.

dimecres, 30 de novembre del 2016

COLORES DE UN LUGAR SOÑADO

Esta vez sí. Lo dejo todo. La familia, los amigos, esa opresora rutina que nos ha convertido en títeres sin sueños ni deseos, que ha hecho de nuestros destinos una prisión, y de nuestras vidas una constante repetición de 24 horas.

Que no conozcamos el verdadero sentido de nuestra existencia, si es que existe, no significa que tengamos que dejar nuestras vidas en manos de una sociedad que cada día nos mecaniza un poco más. Esto lo conozco muy bien. Y es por esta razón, exactamente por esta, que me he dado cuenta que si no pertenezco a ningún lugar más que a esas cadenas de polvo asfixiante y gris, empieza a ser hora de que encuentre esos lugares que hasta ahora solo se me ha permitido visitar durante las 8 horas de sueño. Empieza a ser hora de encontrar los colores que se esconden más allá de las rejas del día a día. El cían del cielo, el blanco de la nieve gélida, el verde de las llanuras tras esas montañas colosales que solo he podido conocer en las interminables clases de geografía.

Abrir un mapa, agarrar un velero de madera firme y navegar hasta que el sueño me lo impida. Dormir en los brazos de un océano infinito y profundo, lleno de criaturas que iluminan el abismo mientras las estrellas que exploran la noche oscura se convierten en la audiencia de mi dormir en libertad. Hacer de estas estrellas mi propio planetario, y del mar mi pecera eterna.

Llegar a una isla paradisíaca, gobernada por las más relajantes brisas del trópico y dejar que sus paisajes me permitan olvidar la soledad. Encontrar una pequeña aldea pescadora de tesoros marinos y recolectora de los frutos de esta tierra libre. Vivir, dormir y despertarme en una cabaña de bambú y hojas, sin importarme que gran tormenta me azotó ayer. Adentrarme en las profundidades de una jungla verde, y poder sentir la refrescante humedad en mi piel estriada. Perderme solo para poderme encontrar otra vez. Y conocer cada día una nueva forma de desaparecer de los mapas, sabiendo que nada ni nadie me espera más allá del mismo presente.

Cabalgar sobre criaturas cuya existencia jamás había imaginado, bajo la supervisión de un sol rojizo decayendo en el lejano horizonte de unas infinitas llanuras. Y así, entre las refrescantes brisas del atardecer, abrir los ojos para darme cuenta de que esos anhelados colores están más cerca de mí de lo que jamás lo habían estado.

Sentarme en un pequeño banco de madera roja iluminado por una inmensa luna azul, y presenciar con emoción todo tipo de ceremonias y celebraciones, de los habitantes de unas tierras perdidas por la ignorancia, donde el papel y la tinta no existen, pues todo lo aprendido y por aprender solo puede escribirse en un lugar... en nuestras memorias. Preguntarle a los vientos de oriente, ante ese espectáculo de luces y sonidos nuevos para mí, si alguna vez ya he estado aquí, y si alguna vez volveré.

Despertar de nuevo en el infinito manto del océano, y sentir la sal ligera pegada en mis párpados sin importarme, mientras el pequeño barco navega sin prisa en busca de un irreal horizonte. Irreal porque nadie ha estado aquí para delimitarlo.

Conocer las invisibles ciudades de relucientes edificios de cristal azul, de todos aquellos que un día renunciaron a todo, y lo consiguieron todo y más. Un mundo donde las únicas lágrimas derramadas son fruto de la felicidad. Un mundo donde vivir no es un trámite, pues la vida no se encuentra entre dos muros. Un mundo donde vivir es la única excusa para ser libre. Y si una cosa es cierta es que de vidas solo hay una… Una, cómo los minutos que quedan para que termine la clase.

Me froto los ojos desorientado, y observo cómo todos mis compañeros e incluso yo mismo, cómo programados, nos levantamos del asiento y cruzamos la puerta del aula para volver a casa, y regresar de nuevo aquí mañana. Pero esta vez puedo sentir cómo una gran parte de mí aún sigue allí, tan lejos. Veo el mar azul desde las ventanas de este edificio y hoy puedo decir sin duda alguna que algún día volveré allí a por ella. Y que de momento, esta parte de mí me espere en el paraíso, mientras yo aún siga dibujando mi mapa.

divendres, 28 d’octubre del 2016

DESDE LAS SOMBRAS

“—Aunque siempre he deseado darlas a conocer, jamás me he considerado una buena dibujante. A mis cercanos le gustan mis obras, pero no por la calidad, sino por su trasfondo. ¿Me entiendes?
—Mucha gente tiende a subestimarse en exceso, y esto solo lleva al fracaso. Ten en cuenta que si quieres superarte, antes deberías ser capaz de apreciar realmente tu trabajo y juzgarlo como éste merece ser juzgado.
—¿Sabes? No me arrepiento de haber hablado contigo. Me caes bien.
—¿Sueles arrepentirte de tus conversaciones?
—¡No! Bueno… Tal vez… . Verás, yo solo vengo a este foro para hacer amigos.
—Genial, porque yo solo vengo aquí para ser un amigo”.

Tres contundentes golpes en la puerta de mi desordenada morada me arrancan del profundo sueño que me ha retenido estas últimas horas. Recuerdo la conversación de anoche, y esta se aferra a mis pensamientos más de lo habitual, convirtiéndose en una extraña y amarga espina de remordimiento.

La puerta vuelve a ser golpeada con mucha más fuerza que antes. Golpes acompañados de una voz grave y siniestra que grita mi nombre con furia: “¡Zack, abre la maldita puerta!”. Me levanto de la silla de mi escritorio y apago todos los monitores que iluminan esta pequeña habitación con una luz azulada; y a continuación, me abro paso entre el desorden de cajas, papeles y aparatos inútiles que inundan mi sucio habitáculo, hasta llegar a la puerta principal, y abrirla.

—Dame los datos —me dice un corpulento hombre con una peligrosa apariencia.
—Dame tú un segundo —digo arrancándome las legañas que rodean mis rojizos ojos.
—Dame los condenados datos ahora, si quieres el dinero —me responde con agresividad.
—Está bien, está bien, tampoco hace falta enfadarse —digo provocador ante la mirada asesina del individuo—. No sabía que teníais tanta prisa para allanar una casa. Si al fin y al cabo, la propietaria no saldrá de su domicilio hasta las 11:30, así que aún tenéis hasta tiempo para el “carajillo” mañanero.

Llego de nuevo a mi mugriento despacho y trato de encender la solitaria bombilla que cuelga del techo, pero ésta resiste ante mis intentos; así que me limito a buscar los documentos entre las montañas de papeleo de mi escritorio, envuelto en la sombría oscuridad de mi hogar.

—Aquí tienes los datos —digo al monstruo corpulento de la entrada—. En papel, cómo habéis pedido. Irrastreables.

El hombre suelta un espontáneo gruñido para mantener su personaje de “bulldog matón”, y seguidamente se saca un fajo de billetes de su americana, y me los da con desprecio. Yo cuento uno a uno esos billetes y el hombre no se mueve hasta que me aseguro de que están todos.

—Muchas gracias caballero —le digo con un cierto humor—. No sé porqué pensaba que ya te habrías gastado la mitad en el bar de la esquina. Ah, por cierto. Cuando entréis allí no le echéis a perder sus dibujos. Hazlo por mí, hombretón —bromeo hasta cerrar la puerta finalmente, y regresar a mi despacho.

Las horas pasan imparables, y mi vida permanece, como siempre, inexistente ante los ojos del mundo. Antes mataba el tiempo cuestionándome cosas: ¿Cuál era el verdadero sentido de la vida? ¿Qué haría si viviese en otro lugar muy lejano a este? ¿Si el fin justifica los medios, está bien lo que hago para sobrevivir? Ahora estas preguntas ya forman parte de otro yo. Un “yo” ya olvidado por el presente en el que vivo.

Enciendo la televisión, sin ningún propósito particular; y solo escucho malas noticias. Incendios, atentados, pobreza y enfermedad. Todo los horrores del mundo se ven muy domesticables cuando vives en las sombras. Soy totalmente consciente de esto; y esto me tranquiliza a la vez que me hace sentir inmortal. Si no es que ya estoy más muerto que vivo, en las tinieblas de estas cuatro paredes.

Pero las cosas cambian en el preciso instante en que, cómo con un espejo, mis actos se reflejan repentinamente en el televisor, en la forma de una nefasta noticia sobre el violento secuestro de una chica en mi ciudad. Una chica cuya dirección aparece en los documentos que he entregado a ese hombre esta mañana.

Sudores fríos empiezan a bajar por mi frente al escuchar las insensibles palabras de la presentadora del telediario. Al principio niego con toda mi voluntad sentirme responsable de dicho desastre, y trato de convencerme de que esto es una mera coincidencia en la que yo no estoy involucrado. Pero a medida que corren los segundos, mi relación con la impactante noticia se vuelve más y más evidente. La chica de la noticia era sin duda alguna, la que estuvo hablando conmigo en el foro anoche; la chica que, sin piedad alguna manipulé para obtener sus datos personales. ¿Cómo pudo ella dejarse engañar por un monstruo como yo? ¿Cómo pude yo provocar tanto daño a alguien feliz? La información que vendía, siempre había sido usada para simples robos materiales. Y jamás hubiese sospechado que esa gente pudiese llegar tan lejos. Que yo pudiese haber llegado tan lejos.

Todo debe ser una horrible pesadilla; pues esto me resulta cada vez más irreal. Tal vez deba superarlo deprisa y, con la más fría sangre, adaptarme a los eventos adjuntos con mi único oficio; esta sería la opción ideal, si no me resultara tan imposible aislarme de este dolor que retuerce mis entrañas cuando pienso que por mi culpa, una vida que jamás me hizo daño, ha dado tal terrible e inesperado vuelco. Que he sido una pieza imprescindible en un macabro plan que ha a afectado a alguien que no tenía la culpa de mi necesidad de supervivencia.

Me voy a dormir antes de que cometa alguna estupidez de la que arrepentirme de nuevo. Seguro que mañana todo lo que pasa por mi cabeza estará mucho más claro.

De repente, la oscuridad de lo que se muestra cómo un desagradable sueño, nubla mis ojos y me lleva a un lugar que, más que aliviar mi poderoso pesar, más bien aumenta éste hasta puntos desesperantes; pues ahora, de repente, me encuentro en una extraña cafetería rodeado de gente cuyos rostros son imperceptibles ante mi vista, con la excepción de la imagen de esa joven del foro, quien se encuentra frente a mi impecable, y me recita cara a cara, las mismas palabras que tecleó la noche anterior.

Me esfuerzo desesperadamente para advertirle de que nunca se deje convencer por mí; pero sin embargo mi control sobre esta ilusión nocturna es nulo, y las palabras que salen de mi traidora garganta son las que engañaron a la chica en ese momento.

“—Siempre me he considerado un hombre sensible por el arte.
—¿Eres algún tipo de coleccionista?
—Más bien un simple apasionado.
—¿De los que van en su “Jaguar” de exposición en exposición?
—¡Exacto! Pero olvídate del “Jaguar”. Yo soy más de “Mini Cooper”. ¿sabes que? Si me das tu dirección, algún día puedo llevarte a alguna de mis galerías favoritas. ¿Qué te parece… ?”

Me despierto al instante de este sofocante sueño, antes de ser capaz de poder evitar esas palabras pronunciadas en esa imaginaria recreación; y es entonces cuando me doy cuenta de hasta qué punto la culpabilidad me está devorando. Si realmente existe algún modo de sanar el festival de remordimientos que ocupa en mi estómago, éste no es la adaptación y mucho menos la ignorancia. Este  es el valor de asumir mis destrozos, y por tanto, mis responsabilidades. Es hora de reaccionar. Es hora de salvar a la víctima de mis acciones. Es hora de contactar con el hombre que me contrató para cometer ese horrible delito.

Me apresuro a revisar la pequeña cámara que oculto en la puerta de mi hogar, para intentar obtener la mayor cantidad de información sobre ese despreciable individuo; y rápidamente observo una pequeña cinta blanca adherida en su nuca, señal de un tatuaje muy reciente; así que sin perder ni un solo segundo, me conecto a los sistemas de vigilancia cercanos a los distintos estudios de tatuaje, y no descanso hasta localizar al hombre, y aprovechar todos los datos obtenidos. Entonces, una vez conocidos sus nombres gracias a los registros de la tienda, llega el momento de entrar en el foro en el que tantas vidas he arruinado.

“—Buenos días. ¿Es usted Alvin Detroit?
—Sí. ¿Algún problema?
—¡En absoluto! Sólo que gracias a su anterior visita, usted se ha convertido en nuestro cliente número 1.000.000 de Kinney's Tatoos, y si me deja su dirección, va usted a ser obsequiado con un magnífico lote de productos de nuestros estudios totalmente gratuitos…”.

Llego con mi destartalada camioneta hasta el portal de un asqueroso edificio de los barrios bajos de la ciudad. Y armado con mi potente “Tazzer”, una jeringuilla de somníferos, y con unos pequeños refuerzos cibernéticos, me dirijo hasta el habitáculo remarcado en mi GPS; encontrándome con una puerta completamente sucia, demacrada y desencajada de sus marcos.

Accedo silenciosamente con mi mente ocupada solamente en el motivo que me mueve a emprender tal riesgo; y una vez en los pasillos de este edificio aparentemente solitario, empiezo a andar con sigilo hasta encontrarme con ese corpulento individuo tumbado en su mugriento sofá escuchando una escandalosa cadena de radio de deportes.

No dudo en actuar, porque sé que si lo hiciera, seguro que me echaría atrás, y esa chica perdería su única verdadera posibilidad  de sobrevivir; pues la policía hace años que ha dejado de investigar secuestros en ésta oscura urbe; ésta solamente limpia los escenarios, y empieza expedientes que jamás va a terminar. Así que me cubro los oídos con los audífonos especiales de mi teléfono móvil, y activo con una ingeniosa aplicación, una potente descarga de decibelios que son rápidamente emitidos por todos los dispositivos del edificio.

El hombre, quien al instante se percata de mi presencia, empieza a retorcerse y a gritar por la terrible migraña que le asedia gracias a ese pitido infernal. Y es así como inmovilizado ante mí, éste termina electrocutado y finalmente inconsciente.

Me cuesta horrores arrastrar a ese maldito fiambre hasta la entrada de su morada, y cargarlo en mi furgoneta. Pero una vez contemplo a ese sucio cuerpo reposando en el metal de mi vehículo, empiezo a encontrar un ligero gusto por la venganza. Aún sabiendo que el mayor responsable de esta catástrofe soy yo.

El hombre despierta varias horas después, atado a una improvisada silla eléctrica construida a base de cableado que he encontrado esparcido por mi casa, directamente conectado al panel de energías.

—¿Qué demonios crees que estás haciendo, imbécil? —grita él aturdido.
—¿Dónde está la chica? —pregunto con la más serena voz de dominar la situación.
—Te estás poniendo en peligro, estúpido niñato.

En este instante, mis manos se dirigen rápidamente hacia la palanca del panel eléctrico, y ésta libera una dolorosa descarga de amperios sobre el apestoso gorila que yace ante mí.

—Maldito hijo de… —grita agonizando.
—Solo era para destaparte los oídos —respondo irónico—. Dime donde está la chica que secuestrasteis ayer.
—Menudo idiota, el mercado cambia y esa chillona ya es fiambre. Su cuerpo ya se está hundiendo lentamente en el río, mientras sus órganos malolientes reposan en las entrañas de algún millonario de la Provincia.

Oídas estas palabras, el peor de los escalofríos se adueña de mis esperanzas; y alimenta mis remordimientos de una forma incontrolable. Ahora, totalmente falto de control y piedad, activo la palanca del panel para dejar que sea el destino quién la desarme de nuevo. Y seguidamente, envuelto en un cegador ataque de cólera, empiezo a golpear mi cabeza contra la pared más cercana, hasta caer desplomado al suelo junto al cuerpo carbonizado, ya sin vida, de mi rehén.

Me encuentro de nuevo en un sueño, producto de mis culpas, donde yo, sentado en un lujoso sillón, me levanto súbitamente y me abrocho la valiosa corbata que cuelga de mi cuello. A continuación, con mi más frío y neutro caminar, empiezo a avanzar sin detención alguna por los pasillos de una casa desconocida, hasta llegar a una humilde habitación. Una pequeña sala ocupada por esa pobre muchacha, que pinta sin distraerse con mi presencia, la que será la última de las obras de su vida; pues al instante, saco un largo y afilado cuchillo de mi elegante americana, y su hoja roza duramente el cuello de la chica ante la mirada de un “yo” perturbadoramente inexpresivo. Ese insensible “yo” incapaz de sentir empatía cuando su víctima se encuentra ante una simple pantalla. A tantos kilómetros de él.

Dedico los siguientes días de dolor, a rastrear y desmantelar todos los detalles de la organización que me contrató ese espeluznante día; y es así cómo definitivamente decido renunciar para siempre al oficio que me ha estado alimentando durante tanto años. Delato a las autoridades los más tenebrosos detalles de ese oculto y miserable mercado; revelando sin censura también mi papel en este macabro proyecto. Pero aún así, jamás llego a confesar mi identidad. No hasta que haya atado todos los cabos que ese día solté; y tal vez ni siquiera entonces. Aún tengo un último crimen que cometer.

“—Aquí patrulla “Charlie”. Tiroteo en el distrito 14. solicitamos refuerzos inmediatos. Corto.
—Mandamos refuerzos ahora”.

Una vez limpia de guardias esa casa que hasta ahora solo he visitado en sueños; accedo a su detallado interior y ando a través del largo pasillo, esta vez soltando algunas ligeras lágrimas que compadecen y suplican perdón a esa preciosa vida que por mi culpa, terminó ya hará una semana.

Entro en esa humilde habitación, sin ninguna otra ley ni permiso que el de mis dolorosos remordimientos. Y es entonces cuando una a una, fotografío todas las magníficas obras de arte que logro encontrar en esa delicada sala tan melancólicamente ordenada y solitaria; cuyas paredes presenciaron el más horrible crimen de este mundo.

Me despido de esas paredes como jamás me había despedido de nadie antes, y al regresar a casa, construyo con mis doloridas manos una eterna galería virtual donde exponer todos esos dibujos, que se quedaron sin autor. Todo el dinero recaudado por las visitas de esta galería serán ingresados a la cuenta de la familia de la pobre chica; junto a todos los ahorros que he acumulado durante toda mi vida haciendo daño a gente inocente.

“—Mi nombre es Zack Anderson, y ya doy por concluida mi misión. Nadie imagina cómo lamento la muerte de su hija. Nadie. Y ahora, sin más motivo para seguir este oscuro viaje, empieza a ser hora de desaparecer de nuevo de los ojos de este mundo; pero tal vez... de otro modo”.